domingo, 1 de marzo de 2009

Juegos callejeros


Este fin de semana hemos quedado, como de costumbre, para jugar en casa a juegos de mesa. Estuvimos hablando mientras cenábamos sobre los juegos a los que jugábamos de pequeños en la calle. Fue divertido recordar viejos tiempos.

Juegos como las canicas, el matar, el contra, el escondite, el tiburón, al elástico, la comba, el burro...
"Uno no deja de jugar porque se hace mayor,
sino que se hace mayor porque deja de jugar"
Les estuve contando, entre risas, un episodio que viví de pequeña jugando a uno mis juegos favoritos: los detectives. Yo era un detective privado... con mi kit profesional: mi cerbatana (hecha con el canutillo de un bolígrafo bic utilizando arroz como arma), un trozo de cuerda, cerillas, gafas de sol... en fin un estilo de vida, porque nos lo creíamos en todo momento.

Mi grupo de amigas formamos el club "Las gatas". En una ocasión descubrimos un caso muy curioso: nos dimos cuenta que, diariamente, una vieja acudía a nuestra calle a tomarse un pastel. Lo que nos resultó extraño era que lo hacía de pie, junto a una ventana. Siempre a la misma hora y siempre en el mismo sitio.

Empezamos a investigarla, haciendo turnos de vigilancia durante una semana completa. Descubrimos que esa mujer iba a una pastelería (hora 17:00), se compraba un pastel de merengue de fresa y se lo llevaba envuelto. Se dirigía a nuestra calle, donde siempre jugábamos, y allí, junto a una ventana con rejas andaluza, y se comía el pastel (hora 17:07)

Al cabo de los días descubrimos que en la ventana, entre los huecos de la reja, había un paquetito de papel. Este misterioso papel doblado contenía dos pastillas.
Resultaba que alguien, al que jamás llegamos a descubrir, dejaba esas pastillas allí; la vieja venía con su pastel y se tomaba las pastillas misteriosas junto con su merengue.

Desde el día que conseguimos una muestra de las pastillas para enseñárselas a la madre de una amiga, no volvió a aparecer por allí aquella mujer. Fue todo un misterio para nosotras.

Seguro que tiene una explicación muy sencilla, o simplemente alguno de nosotros nos quiso gastar una broma, pero de ésto hace ya más de veinte años y todavía lo recuerdo con mucho cariño como toda una aventura.

¿A qué juegos jugabais vosotros de pequeños? ¿Cuál era vuestro favorito?.

Aquí os dejo una lista de los más jugados en mi calle. Cada juego tenía su anécdota correspondiente:

- El contra: En mi colegio jugábamos siempre niñas contra niños. Los niños siempre hacían trampas y sin haber rozado a ninguna niña salían corriendo salvados aun siendo mentira. ¡Uff, qué coraje me daba! Tanto, que atravesaba el patio entero pidiendo a gritos justicia.

- El escondite: uno de mis juegos favoritos. Comentaba a mis amigos que siempre me entraban ganas de ir al baño cuando me escondía, ¿a vosotros también os pasaba?,jajaja.

- Pase misí-pase misá; gallinita ciega; un, dos, tres pollito inglés; veo-veo; el teléfono: juegos para cuando no te podías mover del lugar donde estabas o no tenías demasiado espacio.

- Al elástico y a la comba: cantando canciones como "Chon de Cádiz, de Jerez, a la una, a las dos y a la tres" "En la calle 104 ha habido un asesinato, una vieja mata a un gato con la punta del zapato"

- Conciertos imitando a grupos de la época: en mi pandilla de la calle hacíamos conciertos imitando a Europe, a Parchís, a Hombres G... muy fuerte.

- También nos daban épocas por hacer pulseras de hilo, de canutillos de plástico, de estrellitas del puchero, de macarrones, de conchas. Y para todo esto había que tener su cajita correspondiente para guardar todos los abalorios.

- A las Casitas: De vez en cuando jugaba a las muñecas,a cuidarlas y a darles de comer(esto era de más pequeña).

- Vendedoras de flores: como mis amigas vivían en frente de mi casa y al lado, muchas veces jugamos desde cada uno de nuestros balcones a que éramos vendedoras de macetas y ni salíamos a la calle.

- A la Oficina: debajo de mi casa había una compañía de seguros que de vez en cuando tiraban expedientes antiguos, mis amigas y yo los cogíamos y jugamos a las oficinas. Tenía una maquina de escribir, un teléfono y un archivador y con eso volaba la imaginación.

- El Pasadizo de los cocodrilos: que consistía en ir por el filo del edificio lo más pegado posible a la pared porque si no te comían los cocodrilos.



Imagen superior: Galería de Raquel Méndez en Flickr

11 comentarios:

El lobo estepario dijo...

"Uno no deja de jugar porque se hace mayor,
sino que se hace mayor porque deja de jugar"

Muy cierto...

Maravillosas canícas, cuántas gané...y perdí.

Un saludo.

Olga dijo...

jajajaaaa me ha encantado lo de la señora que tomaba su merengue con sus dos pastillitas, bueno bueno, eso si que deja volar mi imaginación!! Pero lo que de verdad no logro imaginar es lo de ser toda una tarde vendedora de flores!! jajajaja que bueno Pili; pero qué os contábais? cuánto había vendido la una y la otra en el día o cotilleos sobre quíen os iba a comprar? Y de verdad no salíais de casa? jaja Me parece buenísimo, buena entrada para un día como hoy en el que no lo hemos pasado nada mal, verdad?

pilardepiedra dijo...

Lobo:

A mi me encantaba jugar a los bolis (como se les dice por aquí). Aun tengo el bote de colacao lleno de las canicas de mi hermano, como se entere...

Era un juego supuestamente para niños y cuando crecí dejé de jugar y lo siento mucho...

Olga:

Pues lo de jugar a vender flores es completamente verdad, jajajaja, aunque no lo creas.

Hacíamos turnos, una compraba a la otra y viceversa (todo esto a distancia porque mis amigas vivían en la casa de enfrente).

Yo tenía mi calculadora de mentirijilla y me encantaba pringarme las manos de tierra, era divertido ;)

Anónimo dijo...

ahhhh!!!que divertido!!!
en mi casa éramos una pandilla tremenda de distintas edades y eso ya era interesante, entrar en el mundo de los mayores, que nos dejaran participar de sus juegos...
recuerdo con verdadero cariño un juego que inventó una de las niñas y que nos mantuvo intrigados durante mucho tiempo.consistía en enterrar una flor sobre la que había que poner un trozo de cristal.al cabo de unos días había que acudir al lugar y descubrir...¡¡un regalo!!casi siempre aparecía un anillo de plástico u otra cosilla de pequeño tamaño.un verdadero misterio hasta que llegó la decepción cuando descubrimos a la artífice del mismo.De vez en cuando corríamos y corríamos porque llegaban rumores de que "Carlos el legionario", la "toti"o "la Uchi"estaban por allí, nos moríamos de miedo!!lo cierto es que yo nunca vi a ninguno de ellos, pero..eran los personajes de moda.Me encantaba jugar a "mangüiti", la cola de gente era inmensa y ahí nos juntábamos de todas las edades.una vez creamos un equipo de fútbol de chicas y teníamos entrenamiento varios días en semana. Los entrenadores:dos chicos..los más guapos de la clase, a nosotras el fútbol nos importaba un comino..nos importaban, lógicamente, los chicos. No recuerdo que jugáramos ni un solo partido..y bueno podría escribir varios tomos recordando mi infancia en el patio de casa. Lo mejor, que fue tremendamente divertida, que nos unió a todos para toda la vida y que fue una infancia sana y a la vieja usanza, una pena que hoy todo ese tiempo lo dediquen los niños a jugar con una tele y un mando como únicos compañeros de juegos.
Los cumpleaños eran tambien otra historia..los primeros cumpleaños de carlitos los celebramos en casa a la antigua..este año, la semana pasada cumplio 6 y tocó ir al bola-bola..que vamos a hacer,eo es lo que se lleva ahora.Hay que adaptarse a los tiempos. Besos, Montse

pilardepiedra dijo...

Montse:
¡Ah, qué bueno! Otro juego típico de calle, como nos cuentas, es el de el terror de los "locos".

Aquellas pobres personas que daban miedo y siempre los niños corríamos por no encontrarnoslos jamás.

Por aquí se conocían a "Antonio el loco", "el Pilao", "el Carmelo", "el del radiocaset", "el Adolfito"... pobres hombres.

Algunos ya no están, otros siguen por aquí.

Pero por favor, explicanos lo del "mangüiti", ¿qué es eso".

Montse dijo...

Supongo que ese juego tendrá un montón de nombres segun donde se hayan jugado.Consiste en que una persona se pode de pie y de espaldas a la pared,el siguiente jugador apoya su cabeza sobre la barriga del primero y hace como de potro. Se pueden poner tantos jugadores como quieran poniendo la cabeza de uno a la altura de la espalda del anterior y agarrándose con los brazos a sus piernas. Se consigue hacer como un gusano largo de gente enganchados unos a otros entre las piernas y las cabezas, en una postura un poco incómoda pero bueno...Despues hay una cola de gente que salta al grito de "mangüiti nº 1,mangüiti nº 2,3,4...", en el salto te apoyas sobre el último potro de la cola y cogiendo impulso te vas deslizando por toda la fila hasta llegar al que está de pie en la pared. Puede saltar tanta gente como aguante ese gusano humano de cabezas y pieras entrelazadas. El juego termina cuando los que están debajo se caen por el peso de los de arriba,pero para llegar al suelo hay carcajadas y carcajadas intentando que el personal no se caiga, al final una montaña humana de gente riendo sin parar. Me encantaba ese juego, había gente realmente bruta, nunca he entendido como no salíamos de esa mas de uno lesionado, eso de que los niños son de goma va a ser verdad.
Parece que lo esté viviendo en este mismo momento, cuanto tiempo ha pasado...
Hasta otra tarde de juegos
Montse

Antonio ST dijo...

No he sido niño de mucha calle. Pero sí recuerdo que cuando bajaba a jugar lo hacía a perseguirnos unos a otros, al escondite, a hacer carreras con la bici, con los patines y cosas más o menos igual que el resto de los niños (bueno menos Pili que ha jugado a las cosas más raras, jajajaja). Recuerdo que podíamos bajar a la calle a jugar y nuestras madres no temían que nos atropellara un coche, simplemente por no haber coches con los que atropellarnos. Por mi calle apenas pasaban coches, como mucho uno fúnebre pues vivíamos junto al cementerio, jajajaja. Antes los juegos tenían su tiempo a lo largo del año. Un tiempo para el trompo, un tiempo para las canicas, un tiempo para las chapas (a eso no jugaba yo mucho) y un tiempo para los petardos. Luego llegaba el verano y la playa se hacía cargo de nuestro tiempo libre. Desde que tenía tres años he vivido junto a la playa y mi madre no desperdiciaba ese espacio privilegiado para tenernos allí mañana y tarde. Bueno, esa es mi experiencia de jugar en la calle. Ahora no se ven niños jugando en la calle. Ahora casi no se ven niños.
Saludos.

pilardepiedra dijo...

Antonio:

Es verdad que ya se ven muy pocos niños y niñas jugando en la calle, es una pena.

Por un lado porque los padres prefieren que estén en casa, no se por qué.
Por otro, cada vez hay menos niños vecinos con los que puedan jugar. Y por último creo que los espacios de las ciudades tampoco ayudan a que los niños jueguen.

Yo con mis amigas principalmente jugabamos en las casa-puertas de las casas. En los portales, quiero decir.

Hoy es casi imposible hacer esto porque los portales están con rejas, cerrados y además los vecinos no los dejan.

Hoy dificilmente pueden jugar los niños y niñas en la calle.

Juegan en los parques, pero éstos no siempre están cerca de sus casas, así que los tienen que llevar los padres y éso no es lo mismo.

En fin, jugar en la calle fue el principio de mi libertad y ésta me dió la posibilidad de aprender, correr, tomar el sol, y no darle el coñazo a mis padres :)

ygneo dijo...

¡ese luis bueno saltando con la camiseta de debian!

Yo me tomaba tan en serio jugar al escondite que una vez estuve escondido doce horas. Acabó buscándome todo el barrio. Y no me encontraron, me descubrí por hambre. :-)

pilardepiedra dijo...

igneo:
Jajajaja, no me extrañaría de ti. Bueniiisimo, ¿y cual era tu juego favorito?, contesta con sinceridad.

artdyl dijo...

ygneo miente. No le encontraron porque se olvidaron de él.