“Vacía tu mente, no tengas forma ni figura, como el agua. Si pones agua en una taza, se convierte en taza, si pones agua en una tetera, se convierte en tetera. El agua puede fluir o puede chocar, Be water, my friend”, decía Bruce Lee en uno de sus diálogos en la seríe Longstreet y que posteriormente se popularizó por volverlo a repetir en una entrevista que se emitió en el Show de Pierre Berton, famoso programa norteamericano. Esta frase ha sobrevivido durante más de 30 años en la historia. ¿Y a qué se refería el gran maestro de Kung Fu?
El agua es la gran aliada del mundo y de la humanidad, pero también puede ser una gran amenaza. La vida surgió en el agua, más del 70% de la Tierra está cubierta por agua, y el cuerpo humano está compuesto entre un 55% y un 78% de agua.
Se suele decir que donde hay agua hay vida. Precisamente lo primero que se busca en las investigaciones de otros planetas es si hay o ha habido agua. El agua lo mueve todo y a la vez lo destruye todo. Necesidades vitales como el abastecimiento de alimentos dependen de ella al igual que diversos recursos energéticos. Y sin embargo el agua puede destruir ciudades enteras como ya conocemos. Un tsunami es el mejor ejemplo de que el agua domina la voluntad del hombre.
El agua ahoga, el agua refresca, moja, sostiene, sacia la sed, llena, empuja...
Y estando tan presente en nuestra existencia, ¿qué nos querrá decir? Siendo de agua, viviendo en el agua, estando rodeados de agua, ¿por qué no ser como el agua?
Dejarte fluir, dejarte llevar por la corriente, o ir contracorriente. Dejarte afectar, adaptarte a lo que la vida te presenta, cambiar ante lo que pase en tu vida. El agua nunca para, rodea a la piedra y pasa por encima, la cubre. No parar, avanzar, ir hacia adelante, a pesar de las dificultades. Dar un rodeo para ir al lugar pensado, hasta llegar a conseguir tu objetivo. Ser fuerte, flexible, pero potente, y si te desbordas, pues retoma el rumbo y sigue fluyendo, como el agua.

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